La crisis está en otro lado

Instrumentos, como el internet, han cambiado la dinámica en la forma en cómo se venía haciendo periodismo y, sin duda, han generado un golpe a los periodistas en su hacer. Le han dado el poder de interactuar a la audiencia con lo que producen los medios y, asimismo, les permitió entrar en un campo en el cual nunca habían entrado: contar historias, tal y como lo afirma en su texto Omar Rincón. No obstante, si bien el uso del internet o que cualquiera con cámara pueda hacer una nota sobre un hecho ha permitido a los ciudadanos tener mayor voz y aumentar su capacidad de influencia, no es muy acertado afirmar que el periodismo esté en crisis. El periodismo no está en crisis, está en una transición en la cual está trasmutando, aprendiendo, llevando a los periodistas y medios a innovar y aumentar su capacidad creativa ante nuevos retos.

Por ejemplo, el internet es un mundo de oportunidades al cual el periodismo no ha sabido sacar sacarle provecho. Aunque la premisa de la crisis de la que habla Rincón es que la audiencia se haya metido en el terreno de los periodistas contando historias, la verdadera razón por la cual el periodismo parece estar en crisis es porque no entiende a sus usuarios, perdió su capacidad de narración, no innova, no saca provecho de la múltiple parrilla de herramientas en cuanto a formatos que brinda la red. La masa no ha derrotado al periodismo contando historias, lo que ha hecho es saber utilizar herramientas como el internet para su propio interés.

Un ejemplo que parece que reforzar la premisa de Rincón es el periodismo ciudadano, pero no es tan así. Si bien tampoco lo contradice, el ejercicio del periodismo ciudadano bajo el cual la audiencia se vuelve emisor de mensajes ayuda a mostrar que al periodismo no lo han derrotado. Más bien muestra su vigencia y que la crisis es más una falta de abrirse ante nuevos escenarios y herramientas, como es debido. El periodismo sigue siendo el motor que muestra, investiga, demuestra, critica. Así que, volviendo al ejemplo que detallábamos, el periodismo ciudadano no tiene trascendencia sin los periodistas. Este no busca derrotarlos, busca su atención e influencia.

Si bien la premisa de Rincón toca el hecho de que la audiencia se adentró en el mundo de contar historias, eso no es periodismo y no pone al oficio en una crisis. Porque aún para replicarse, la audiencia necesita del periodista. La verdadera crisis está en cómo el periodismo está afrontando la aparición de nuevas plataformas y formatos.

Sebastián Narváez Cárdenas.

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[reflexión no. 2] Sobre el periodismo en crisis

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En su ensayo El periodista DJ es el medio, Omar Rincón parte de la premisa de que el periodismo está en crisis, entre otras cosas, porque los ciudadanos, las audiencias, “derrotaron” a los periodistas en lo que se supone era su especialidad: contar historias.

¿Qué tan de acuerdo o en desacuerdo están con esta idea? ¿hay ejemplos que la refuercen, ejemplos que la contradigan?

Imagen: Kennedy Blue.

La tecnósfera en mi móvil

El origen de internet nos remonta a la imagen a blanco y negro de una gran cantidad seriada de computadoras gigantes, instaladas en amplios espacios físicos, con botones de funcionamiento e interconectadas a la red a partir de cables de transmisión de datos. La modernidad de internet nos puede reflejar una ilustración a color, compuesta de computadoras livianas, teléfonos inteligentes transportables, táctiles, conectados a internet a través de datos móviles y redes inalámbricas. En este escenario el concepto fundacional de internet parece no cambiar: “interacción”, “telecomunicaciones”, “intercambio de información”, “conexión”. Lo que parece cambiar y que en parte se trasluce en la comparación de las dos imágenes ya presentadas, son las plataformas físicas que permiten navegar ahora en internet y la configuración de la vida humana subyacente a estas.

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Un día común de un ser humano moderno puede empezar con la alarma de su celular.  Sin haberse levantado de la cama, es probable que empiece el día revisando las notificaciones en sus redes (Facebook, Twitter, Instagram, Foursquare, LinkedIn etc.). Luego, eventualmente habría de interesarse por conocer el pronóstico del clima en su aplicación “WeatherBug”. De acuerdo al clima pasaría a buscar en su aplicación “Cloth” el “look” del día. Al salir de su residencia necesitará transportarse por lo que habrá de usar “Waze”, “Tripda” o cualquiera de las aplicaciones de localización o carpooling, que indican las rutas, los medios de transporte, el estado del tráfico y hasta el tiempo que ocupará llegar al lugar de destino. Durante el día, podrá leer noticias en las apps de los medios de comunicación, ordenar su almuerzo en domicilios.com, tener una cita romántica con una persona que conoció a través de Tinder, escuchar la radio en TuneIn Radio, ver videos en la aplicación de YouTube, tener momentos de ocio en las páginas de memes o videojuegos, ∞; todo gracias a su celular e internet.

Lo anterior estaría ligado a la revolución de las “apps”, consistente en el éxito de las miles de aplicaciones móviles que entre tanto plasman parte de las premisas originales de internet: infinidad y utilidad. Probablemente los primeros usuarios de ARPANET sólo se imaginaban la navegación en la red a través de esas computadoras inmensas de la mitad del S. XX. De la misma forma, ya para la época de la computadoras personales es de esperarse que no habría sido previsible imaginar que el WWW se trasladaría a las estilizadas pantallas de los dispositivos móviles.

La metamorfosis hasta el momento ha llegado a los celulares inteligentes. Resulta poco confiable lanzarse a afirmar certeramente lo que depara el futuro frente a las plataformas por las cuales se podrá navegar por la red. Lo que por ahora se podría afirmar es que nuestra “civilización”, y su funcionamiento, no se concibe sin estos aparatos y sin la posibilidad del uso de internet a través de estos.

Imagen tomada de: https://www.youtube.com/watch?v=zv59WaYcJjU / EXPLORA CONICYT (Julio, 2014) El origen del uso de la “@” (arroba) en internet.

Dilemas del mercado global

“Es cierto que la universalización de la red ha convertido a todos [los medios] en potenciales medios globales”, dice Francisco Vacas en su libro La comunicación vertical. Pero no se trata solo de los medios; es más que evidente que la universalización de la red se traduce en globalización de culturas, políticas, religiones, movimientos, formas de comunicación y, como no, de mercados —sin dejar de lado muchos otros aspectos.

Tal vez era impensable para los primeros desarrolladores de la red que lo que hoy es Internet permitiría tener un mercado global que puede ahorrar intermediarios, permitir contactos directos y facilitar y agilizar los costos de transacción. El desarrollo de internet ha puesto en jaque industrias anteriormente estables y que es difícil pensar que puedan derrocarse.

Un gran ejemplo, sin duda, son los negocios de alquiler de habitaciones, apartamentos y casas a través de páginas de Internet. Como se reconoce en un artículo de el diario El País de España, “alquilar una vivienda a un turista no es nuevo. Lo que ha cambiado estos años es la forma en que se hace gracias a Internet”. La gran industria hotelera se ha sentido amenazada con la llegada de sitios web como Airbnb, un portal que se autodefine como un mercado comunitario que permite poner a disposición o reservar alojamientos alrededor del mundo.

La pelea se desata por lo que la industria llama una competencia desleal. Surge una vez más el cuestionamiento por la legislación, las normas y los controles de la web. Para Vacas, la anterior regulación de Internet está en entredicho debido al abaratamiento de la banda ancha como servicio, pues esta permite cada vez más distribuir masivamente los mismos contenidos y servicios que los sistemas tradicionales. Entonces algunas de las manifestaciones del mercado global encuentran opositores pues con las facilidades de Internet se suprimen —en ocasiones— los impuestos, requisitos y barreras a los que se enfrentan los negocios tradicionales, y que son difíciles de imponer a personas naturales. El gran interrogante, entonces, resulta ser: ¿en qué consiste la regulación cuando se habla desde la web?

Es para muchos una incógnita lo que pasará con estos mercados al estilo de Airbnb y Uber que tienen una gran demanda, pero que al mismo tiempo plantean grandes dilemas de legislación y regulación ya no sólo a nivel local sino a nivel global.

Estefanía Avella

Ciberactivismo y movilización social

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El fenómeno de las social networks ha acompañado a Internet desde sus primeras manifestaciones. Así, incluso en el proceso de consolidación de ARPANET era posible encontrar pequeños grupos de conversación entre usuarios, que aludían a temas cotidianos e intereses diferentes a la información que aquel entorno regulado pretendía compartir.

Esta forma de comunicación se ha ido expandiendo a otros espacios menos regulados a lo largo de la historia, de tal manera que ha permitido un manejo e intercambio abierto de la información por parte de los usuarios y una progresiva conformación de colectividades virtuales que dan cuenta de las nuevas formas de interrelación propias de la era contemporánea.

Como afirmaba Vacas (2010) en la primera parte de su libro La comunicación vertical, la socialización actualmente se encuentra mediada por el entorno digital. Y es por ello que, para entender las nuevas conductas relacionales, es importante pensarse el fenómeno de Internet como una herramienta que fomenta la difusión de información y el dialogo entre quienes se encontraban relegados dentro del modelo comunicativo de radiodifusión punto-masa.

Aún así, se hace difícil comprender cómo, en menos de 7 años, estás colectividades virtuales no solo se han ido consolidando a través de plataformas cibernéticas que agrupan individuos alrededor del globo; sino que han logrado trascender el espacio virtual y materializarse en acciones concretas que buscan la defensa de intereses compartidos dentro de la comunidad virtual.

Procesos sociales como la Primavera árabe, el Occupy Wall Street o el Movimiento de los indignados, -a pesar de no nacer en el ciberespacio- nos muestran cómo la participación ciudadana a través de Internet ha tenido gran repercusión, no solo al visibilizar nuevos actores políticos (generalmente nativos digitales), sino también al reformular algunas agendas en los medios masivos que ahora, quieran o no, comienzan a entrar en dialogo con estos.

La identificación de las audiencias con estas nuevas formas de intercambio de información desde la red se ha fortalecido, y la voluntad de algunos frente a la intervención dentro de procesos de cambio social ha encontrado en internet y especialmente en las redes sociales, una posibilidad más de manifestarse contra aquellos que de alguna forma creían poder moldear del todo la opinión pública.

Imagen: Movimiento 15M

Estefania Díaz.

Vapor y buenos viejos juegos

La industria de los videojuegos ha cambiado década tras década desde que fuera casi que establecida por Atari con el popularísimo Pong en 1972. Entonces los niños debían salir de su casa a jugar en sitios específicos y luego, quienes podían pagarlas,  tenían acceso a versiones (generalmente menos potentes) en sus casas, con la llegada de las consolas. Atari quiebra y Nintendo y Sega -ambas japonesas – se apoderan del mercado, no solo de consolas sino de juegos. De los cartuchos donde venía la información del juego se pasa al CD a mediados de los noventa y Play Station, algunos años después que en el resto del mundo, se vuelve la consola más popular de Colombia. Esto, por un motivo claro: los cartuchos de juegos requerían un esfuerzo y conocimiento dedicado para ser pirateados (además de que físicamente costaba más hacerlos), mientras que cualquiera con un computador y manejo básico del mismo podía quemar cuantas veces quisiera un juego. Aún si las consolas caseras costaban casi lo mismo, los juegos en CD piratas valían apenas una fracción de su costo original (o de un cartucho).

Entonces llegan los dosmil, el auge de internet en gran parte del mundo y, aunque la piratería era un asunto que ya preocupaba a la industria de videojuegos y musical (luego, con el aumento de capacidad de los computadores, a la cinematográfica), nunca como entonces – y ahora- fue tan fácil jugar un juego popular sin tener que pagar algo por él. Entonces ni siquiera era necesario un CD, sino un computador que compartiera y recibiera datos que, en últimas, es todo lo que es digital, incluidos los juegos. Las leyes regulativas de internet y antipiratería no han hecho sino endurecerse y los controles de los propios juegos han sido más estrictos. Pero nada ha funcionado en los países que, como Colombia, siguen teniendo una legislación laxa con el uso que los ciudadanos le dan a internet.

Aunque la producción y creación de juegos es más fácil cada día, las empresas dedicadas a esto invierten cada vez más en sus juegos, cuyos precios no se han abaratado aún cuando ya no es necesaria un ancla física (el cartucho o el CD) para venderlo. De esta forma han nacido plataformas virtuales de venta de videojuegos (a mí me gusta pensar que lo que venden son datos) como el popularísimo Steam o el reputado Gog.com. Ambas plataformas ofrecen videojuegos 100% gratuitos (casi inaudito de no ser por los demos que antaño también se regalaban) de calidad, muchas veces de compañías y franquicias reconocidas y, además, con promociones y toda una comunidad alrededor, los últimos y más esperados lanzamientos. En paralelo con los contenidos online (de prensa o no), muchos de estos juegos son gratuitos, pero funcionan bajo el modelo de micropagos, lo que les permite seguir siendo rentables. Incluso, aunque no es del agrado completo de las empresas, hay tiendas dedicadas a vender juegos usados o promover intercambios entre jugadores, como Gamestop. Pienso que ni los piratas de Play Satation, se imaginaron que serían dispensables en tan poco tiempo.

Tomás.

[reflexión no. 1] Sobre lo imprevisible de la red

Servidor de Google.

Servidor de Google.

El correo electrónico, los chats y los grupos de discusión fueron algunos de los primeros usos civiles de internet y de sus redes precursoras. Estos usos aun hoy son el eje de mucha de la actividad de la red. Sin embargo, los pioneros de este desarrollo, originalmente pensado para proteger información mediante la comunicación redundante y descentralizada entre supercomputadores de la época, no anticiparon el enorme impacto que tendría internet años después, entre otros, para los medios de comunicación.

“Nadie podría prever hace 10 años que Google se convirtiera en el primer megamedio del siglo XXI, dominando progresivamente mercados tan paradigmáticos de la era mass media como el video y las noticias, y a la vez compitiendo con los antiguos gigantes del software como Microsoft.

En realidad el carácter imprevisible de este nuevo escenario de convergencia se debe a que internet es un medio poco o nada configurable, al menos desde un único punto, y también a que el know how acumulado por los medios convencionales durante 70 años sirvió de poco en este nuevo medio que es internet”, dice Francisco Vacas en la primera parte de su libro La comunicación vertical (ICRJ, 2010).

Otro ejemplo: cuando Internet era visto como la gran amenaza de la palabra en papel, Jeff Bezos se hizo millonario vendiendo precisamente libros a través de la red.

Lo “imprevisible” de la red es un elemento de la lectura que me parece interesante y que no alcancé a sugerir en clase, así que esta semana les propongo pensar y compartir un ejemplo de un mercado, emprendimiento, o un uso de internet (relacionado o no con periodismo) que encuentren interesante y que pareciera imposible de anticipar en los primeros años de la red.

[Les pido hacer sus aportes como entradas nuevas al blog, no como comentarios de esta entrada].

Imagen: Computer History Museum