Prosaicos

Advertencia sobre el ligero regusto “filosófico” del párrafo a continuación.

Una cosa es narrar el mundo y otra describirlo. Cualquiera con experiencias empíricas puede afirmar lo que ocurre a su alrededor. “En frente tengo un árbol” es una afirmación descriptiva, pero poco informativa para quien este con esa persona, porque, posiblemente, también está viendo el mismo árbol. En cambio “El árbol delante me gusta” provee información adicional que otras personas podrían no saber. Ocurre algo similar con el periodismo ciudadano: alguien tuvo como suerte estar en un accidente de tránsito; toma una foto y describe la situación ¿es esto una historia?

Aún no puedo pensar en un ejemplo que respalde la idea de Omar. Para la clase anterior tenía en mente la aplicación Waze, que convirtió a los reportes de tránsito en vivo en información trivial, al menos para quienes tienen acceso continuo a Internet. Imaginemos el futuro: la mayoría de Occidente (como un grupo histórico amplio que ha compartido ciertas tradiciones) tiene acceso a smartphones, a conectividad y usa Waze, ¿qué canal de televisión se molestará en ofrecer la información de tránsito? ¿Alguien escuchará en radio el reporte de tráfico que puede conocer en tiempo real? Son preguntas retóricas; seguramente alguien sí seguirá prestando atención a esto, pero son contenidos informativos que, casi seguramente, desaparecerán porque el intermediario -esto es, el medio- ya no es necesario. Es información que la gente tiene sin su ayuda.

Lo relevante del caso de Waze es que su información la provee los propios usuarios, o sea, el periodista no es necesario, las personas crean esta información. Punto para Omar, se puede pensar, pero no. Esta información no es una historia, acá no se cuenta nada, no se narra algo, apenas es una descripción del mundo. Así, tampoco es una historia los datos climáticos diarios. En cambio, una persona podría reunir algunos datos de Waze, o sobre el clima, que revelen tendencias o dificultades y preguntar por qué ocurren, investigar a partir de allí y, en ese caso, armar una historia.

Estos ciudadanos le evitan una tarea al narrador-periodista, que es buscar la primera información, el qué. Pero este ejercicio prosaico de aventar información y datos es lo mismo que hace la persona que dice “En frente tengo un árbol”, en mi ejemplo.  Afortunadamente, el prosaísmo no es narrativo. Si las noticias y primicias las tienen ahora los ciudadanos, las historias le siguen perteneciendo a quien se interese por informar sobre más aspectos. Conocer más, pero los ciudadanos no están haciendo esto, al menos no con rigor y disciplina. Cuando lo hagan, harán periodismo o arte.

Creo que el engaño de la polémica idea está en pensar que la especialidad de los periodistas es contar historias, como si fuera una cualidad única y exclusiva. Me parece una idea romántica e ingenua: romántica porque imagina al periodista como este cuasi mártir cuya vida entrega a la verdad por la humanidad, ignorando los chascos, las bajezas o la abrumadora ola de contenido diario intrascendente; ingenua porque obvia que el periodismo como se conoce, no tiene más de 300 años. Los humanos han contado historias (de ficción y no ficción) y narrado el mundo desde que nació el lenguaje. Homero y Platón narraron Grecia y sus costumbres ¡hace más de dos milenios! Así, al periodismo no lo ha “derrotado” nadie en su especialidad, porque nunca fue tal: cualquiera con la sensibilidad, curiosidad y disciplina suficiente y necesaria -o sea, no cualquiera- puede hacer trabajo periodístico.

Tomás.

 

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