Editar para qué.

Para Omar Rincón, los medios y los periodistas están siendo derrotados en su negocio de contar historias por ciudadanos comunes con teléfonos inteligentes. Estamos en medio de una crisis narrativa que redunda en una crisis del periodismo, y con ésta última, la democracia entra en riesgo.

 

 

 

Sin duda el periodismo no se parece a lo que era hace 20 años. Nadie consciente de la situación se atrevería hoy a llamarlo “el cuarto poder”, como era común en el pasado. Pero “la crisis” del rating periodístico quizá tenga que ver con algo más que la calidad narrativa ¿o acaso las grandes plumas y grandes narradores perdieron su talento la primera vez que vieron un computador? ¿La primera vez que entraron a internet? ¿O acaso los ciudadanos comunes se convirtieron en editores mágicamente la primera vez que enviaron una imagen con un texto vía SMS?

Esta claro que las historias veraces y bien contadas son más difíciles de encontrar en un mar de (des)información lleno de contendido descontextualizado generado por aquel “mar de idiotas”que tanto enfurecía a Umberto Ecco (gente no calificada para participar en debates públicos pero con acceso a ellos a través de plataformas digitales, es decir cualquiera). Pero no es claro que el periodismo haya perdido su lugar porque los periodistas perdieron sus dotes narrativos o los ciudadanos los hayan adquirido. Quizá dicha pérdida tenga que ver con un cambio en los significados y la escala de valoración de los medios culturales de expresión, donde entraban los medios periodísticos. Léase: los medios noticiosos ya no significan lo mismo, y por eso nos importan menos. Y esto se debe a la interinidad que genera el no haber entendido del todo las posibilidades de los medios digitales y el no haber llegado al “Paraíso de Internet” de Rincón (incluso puede deberse a no haber entendido que jamás llegaremos a tal paraíso y que el periodismo digital por siempre será un juego de ensayo y error con los elementos que las plataforma ofrezcan en cada etapa de su desarrollo, pero ese es otro debate).

 

Los significados y valoraciones antedichas tienen que ver con el rol de la información en la vida de las personas. Antes (si se me permite especular en aras de la discusión) los medios noticiosos constituían una ventana al mundo desde la cuál cada uno calculaba el impacto del mundo en su vida. Ahora en la época de las redes sociales, los medios de comunicación son un espacio desde el que cada quién intenta juega a tener un impacto en el mundo. Y este mismo fenómeno quizá esté detrás del crowdsourcing: en general la gente comparte sus experiencias en las redes motivada por sentirse “la persona correcta, en el lugar y momentos correctos”, más que por su capacidad para calcular el impacto social de la información que captura y comparte.

La crisis se debe a las ganas de los 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol.

 

Debatir el origen de la crisis en este caso, conduce a los verdaderos motivos por los que debe superarse. Que la valoración de los contenidos noticiosos cambie porque están peor o mejor contados es una cosa muy distinta a que lo haga porque a cada ciudadano no le importa lo que pase en el mundo si él no tuvo que ver con el suceso. La transmisión por radio de la muerte de Jorge Eliecer Gaitán con seguridad no fue ejemplo de estética narrativa, pero desencadenó el Bogotazo porque cada personas sabía que el suceso impactaría profundamente sus condiciones. Hoy ni las animaciones más entretenidas sobre el conflicto en Siria ni los relatos más desgarradores sobre la desnutrición en La Guajira movilizan a los habitantes del centro. Es el orden social lo que está en riesgo y el uso y valoración de los medios son solo un reflejo de ello.

Las narrativas en el periodismo deben reforzarse no por el periodismo en sí mismo ni por su rol en el equilibrio de poderes. Deben reforzarse por su papel como generador de medios culturales de expresión y construcción de significados sociales. para explicar esto, Cito a Joan Didion en su ensayo “The White Book”:

“We tell ourselves stories in order to live…We interpret what we see, select the most workable of the multiple choices. We live entirely by the imposition of a narrative line upon disparate images, by the “ideas” with which we have learned to freeze the shifting phantasmagoria which is our actual experience”

Las narrativas no son solo un tema de agrado con el cuál poner los ojos de los lectores en temas importantes (que nos está mal pero no es suficiente). Son la manera de darle orden al caos, de crear significados conjuntos, y aportar a la que los individuos obren en conjunto.

Y aunque decir por qué sea lo obvio, voy a decirlo simplemente porque nadie lo dice nunca: cuando nos comportamos como sociedad, hacemos más y mejores cosas en menos tiempo; vivimos mejor. Cuando no, cuando cada uno obra por sí y para sí, vivimos “a las patadas”.

Y en ese sentido, editar no es una cuestión estética sino una cuestión vital.

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