Algoritmos Vs Reporteros Humanos (en dos párrafos).

 

Esta reflexión parte del artículo de Wired (2012) leído durante la novena semana del curso: Can an Algorithm Write a Better New Story than a Human Reporter?

Si la respuesta fuera no:

La capacidad del algoritmo está en función de la capacidad del programador para alimentarlo. Seres humanos deben estar al servicio del proceso de creación de recolección de datos, contextualización, estructuración, y personalización del tono (al menos en el caso que conocemos por el artículo: Narrative Science). Es fácil imaginar que una vez establecidos los parámetros de cada fase los algoritmos tendrán una capacidad de producción de historias infinitamente mayor que la de un ser humano. Ahora, tengamos en cuenta la innovación como requisito actual de la calidad en el periodismo (y en todo); en este escenario es difícil imaginar computadores identificando fenómenos sociales como los que a diario emergen en el mundo real, y vinculándolos a su proceso de creación. Como está planteado el modelo hoy, son los seres humanos quienes los identifican, comentan, registran, y ponen en contexto a través de las redes sociales y otros tipos de plataformas. Las máquinas definitivamente pueden valerse de esto y seguramente lo hacen mejor que cualquier persona, pero mientras un sujeto de carne y hueso no haga uso de su juicio y objeción para captar un fenómeno y subirlo a la red, el valor de los algoritmos es mínimo (y ahí sí, solo servirían para mejorar estructuras o alterar el tono de artículos escritos con anterioridad).

Si la respuesta fuera si:

La pregunta excedería el ámbito periodístico. Si las máquinas fueran capaces de identificar los fenómenos sociales, culturales, económicos, e incluso filosóficos detrás los hechos observables con que se alimenta la web y con que se alimentan los algoritmos, estamos ante un problema ontológico (exagero en chiste, pero lo digo en serio): si las ciencias sociales están al servicio del entendimiento humano y ese entendimiento al servicio de las políticas públicas de las que depende que vivamos bien o mal, y todo lo que nos falta por saber y persiguen los grandes pensadores sociales va a ser resuelto rápidamente por los computadores, tenemos todo que celebrar como civilización. A menos que  un “nuevo mejor artículo” sea simplemente un artículo que la gente, con su la capacidad de lectura y análisis media de hoy, lea más fácil y comparta con más frecuencia en las redes. 

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Algoritmos Vs Reporteros Humanos.

Esta reflexión parte del artículo de Wired (2012) leído durante la novena semana del curso: Can an Algorithm Write a Better News Story than a Human Reporter?

Una palabra en este título (better) no solo sugiere que las historias creadas por algoritmos son una realidad sino que la calidad de estas historias es al menos aceptable, o  en su defecto, que dichos algoritmos son capaces de mejorar una historia que ya es buena. Dando esto por sentado, discutamos si en efecto las máquinas pueden escribir una -nueva historia mejor- que la que escribiría un humano.

Aún no es un hecho, o al menos no hay consenso o noticias de un artículo artificial mejor que uno escrito por un reconocido reportero (y tampoco parece probable que el año siguiente un algoritmo se gane un Pulitzer como se sugería en el artículo). Podemos especular sobre la respuesta, y al mejor estilo del lenguaje binario, evaluar lo que hay alrededor de un no, y lo que hay al rededor de un sí:

No:

La capacidad del algoritmo está en función de la capacidad del programador para alimentarlo. Como es el caso de “Narrative Science” (-NS-compañía dedicada a crear artículos a partir de datos y cuyo fundador Kristian Hammond fue entrevistado por Steven Levy para producir el artículo que funda esta reflexión), decenas de seres humanos deben estar al servicio del proceso de creación de cada historia: recolección de datos – contextualización – estructuración (gramatical o narrativa) – personalización del tono. Es fácil imaginar que una vez establecidos los parámetros de cada fase los algoritmos tendrán una capacidad de producción de historias infinitamente mayor que la de un ser humano, pero la cantidad no es garante de la calidad. Ahora, tengamos en cuenta la innovación como requisito actual de la calidad en el periodismo (y en todo); en este escenario es difícil imaginar computadores identificando fenómenos sociales como los que a diario emergen en el mundo real, y vinculándolos a su proceso de creación. Como está planteado el modelo hoy, son los seres humanos quienes los identifican, comentan, registran, y ponen en contexto a través de las redes sociales y otros tipos de plataformas. Las máquinas definitivamente pueden valerse de esto y seguramente lo hacen mejor que cualquier persona, pero mientras un sujeto de carne y hueso no haga uso de su juicio y objeción para captar un fenómeno y subirlo a la red, el valor de los algoritmos es mínimo (y ahí sí, solo servirían para mejorar estructuras o alterar el tono de artículos escritos con anterioridad).

Volvamos al ejemplo de Zygmunt Bauman en relación al reportaje de Decca Aitkenhead sobre las manifestaciones de mujeres en Inglaterra  frente a la sentencia del pedófilo T. Cook (Bauman, Zygmunt: In Search of Politics, 1998). situémoslo no en 1998 sino en 2016, e imaginemos un reportaje escrito por las máquinas de NS a partir de datos o criterios en torno a la pedofilia, sentencias, y manifestaciones. ¿Algún artículo, en un millón o en la cantidad que pueda leer quien quiera que defina cuál es el mejor, vincularía los hechos observables (o a la luz de hoy -registrados en la web-) a la posibilidad de odiar a alguien en público y la necesidad de trazar la línea entre las personas decentes y el resto? Quizá esto sea posible gracias al azar, pero la probabilidad es infinitesimal, mientras el mar de basura que se produciría en el camino aumentaría su nivel a tasas exponenciales.

Si:

La pregunta excede el ámbito periodístico. Si las máquinas son capaces de conclusiones como la de Decca Aitkenhead o de identificar los fenómenos sociales, culturales, económicos, e incluso filosóficos detrás los hechos observables con que se alimenta la web y con que se alimentan los algoritmos, estamos ante un problema ontológico (exagero en chiste, pero lo digo en serio): si las ciencias sociales están al servicio del entendimiento humano y ese entendimiento al servicio de las políticas públicas de las que depende que vivamos bien o mal, y todo lo que nos falta por saber y persiguen los grandes pensadores sociales va a ser resuelto rápidamente por los computadores, tenemos todo que celebrar como civilización.

Pero en tanto seres humanos vivimos inmersos en juegos de poder, y como el poder depende de la información y el conocimiento, la pregunta siguiente es si nos tomaríamos en serio los hallazgos de las máquinas. Y en tal caso ¿Cómo sería la puja por dicha información? ¿La compartirían los programadores?

Y para terminar, dejemos abierta una pregunta con la que quizá nos habríamos ahorrado esta disertación: ¿Un nuevo mejor artículo es una artículo con nuevas luces sobre un tema que nos atañe a nivel social, o es simplemente información articulada más fácil de leer y más proclive al clic?

jgt

 

 

Aportes de la charla de Marcelo Franco.

En mi caso (Noticias Geo-localizadas), lo primero es el filtro para identificar nichos de acuerdo a zonas: Qué valoran o aún no valoran las audiencias, cómo capitalizar la inteligencia contextual, qué está cambiando en la cadena de valor a la que pienso entrar, qué novedad trae a la mesa mi proyecto, qué tan realizable es, a quién más le importa, etc.
Después de poner a prueba las audiencias bajo este modelo, pondría a prueba el contenido con los criterios compartidos por Marcelo: Relevancia, potencial de tráfico, vida útil, rentabilidad.
Por último, tendría (o tendré) en cuenta “La Relación 1:20”, que dicta que por cada contenido deben plantearse 20 ‘outlets’ digitales, buscando no perder gancho alguno para que la audiencia llegue a mi información.
Más allá de esto, en algún punto de la exposición, pensé en el proyecto como un espacio de exposición de los responsables de la gestión pública local, por lo siguiente: en los medios nacionales nos enteramos de qué pasa y quiénes son los responsables de escándalos o asuntos de impacto nacional, caso REFICAR, caso contratos de Natalia Springer con la Fiscalía, Red de prostitución en la Policiá Nacional, etc. Pero nunca nos enteramos quién es el responsable del alumbrado del parque del barrio, del aseo de las calles, del estado de los andenes, etc. Sabemos quién es Palomino, pero no sabemos quién es el el comandante de la policía para nuestro cuadrante y si está cumpliendo con los indicadores de seguridad del barrio …
Al final se trata de ejercer control ciudadano frente a entidades e instituciones públicas que se financian con nuestros recursos y no sabemos en qué medida cumplen, o en qué medida no.

[Entrada recomendada] Contenidos legítimos y medios de financiación ilegítimos

Hablando de modelos de financiación mixta, Marcelo trajo a la conversación el caso del bog Brain Pickings y su modelo de financiación basado tanto en la donación voluntaria, como en la asociación con el gigante Amazon y la comisión por referidos. Quisiera poner el foco de esta entrada en un punto que fue tocado de manera tangencial: el debate al rededor de la magnitud y los métodos de obtención de los recursos del blog. Según lo expuesto, muchos lectores o simpatizantes cuestionaron la legitimidad del sitio al hacer accesible la filosofía, las ciencias sociales, el arte y la literatura, y a la vez sustentarse en un modelo (capitalista) de lucro por comisiones.

El debate me recuerda la disertación del activista y emprendedor norteamericano Dan Palotta, expuesto en su libro “Charity Case: How the Nonprofit Community Can Stand Up for Itself and Really Change the World”, acerca de las barreras económicas que enfrenta la emprendimiento social en  los Estados Unidos (y en general en occidente).  La disertación se funda en una (triste) anécdota del autor, y se resume en un párrafo.

La anécdota:

En 5 años su fundación recaudó 108 millones de dólares para investigaciones acerca del SIDA con una inversión inicial de solo 50 mil dólares, y 194 millones de dólares para investigaciones pro cáncer de mama con una inversión inicial de 350 mil. Solo en 2002 se entregaron 71 millones netos a entes investigadores. Luego, se fueron a la quiebra de manera abrupta. Continue reading

Preguntas Geonoticiero

Mis dos preguntas son:

  1. ¿Qué tipo de noticias locales (nivel localidad) pueden ser más importantes o tener mayor impacto en la calidad de vida de sus habitantes, que las noticias regionales o nacionales?
  2. ¿Realmente cambian las necesidades de información de localidad en localidad? ¿Qué noticia necesito saber si vivo en Usme (por ejemplo) pero me es indiferente si vivo en Usaquen?

Saludos y gracias por sus sugerencias.

jgt

Editar para qué.

Para Omar Rincón, los medios y los periodistas están siendo derrotados en su negocio de contar historias por ciudadanos comunes con teléfonos inteligentes. Estamos en medio de una crisis narrativa que redunda en una crisis del periodismo, y con ésta última, la democracia entra en riesgo.

 

 

 

Sin duda el periodismo no se parece a lo que era hace 20 años. Nadie consciente de la situación se atrevería hoy a llamarlo “el cuarto poder”, como era común en el pasado. Pero “la crisis” del rating periodístico quizá tenga que ver con algo más que la calidad narrativa ¿o acaso las grandes plumas y grandes narradores perdieron su talento la primera vez que vieron un computador? ¿La primera vez que entraron a internet? ¿O acaso los ciudadanos comunes se convirtieron en editores mágicamente la primera vez que enviaron una imagen con un texto vía SMS?

Esta claro que las historias veraces y bien contadas son más difíciles de encontrar en un mar de (des)información lleno de contendido descontextualizado generado por aquel “mar de idiotas”que tanto enfurecía a Umberto Ecco (gente no calificada para participar en debates públicos pero con acceso a ellos a través de plataformas digitales, es decir cualquiera). Pero no es claro que el periodismo haya perdido su lugar porque los periodistas perdieron sus dotes narrativos o los ciudadanos los hayan adquirido. Quizá dicha pérdida tenga que ver con un cambio en los significados y la escala de valoración de los medios culturales de expresión, donde entraban los medios periodísticos. Léase: los medios noticiosos ya no significan lo mismo, y por eso nos importan menos. Y esto se debe a la interinidad que genera el no haber entendido del todo las posibilidades de los medios digitales y el no haber llegado al “Paraíso de Internet” de Rincón (incluso puede deberse a no haber entendido que jamás llegaremos a tal paraíso y que el periodismo digital por siempre será un juego de ensayo y error con los elementos que las plataforma ofrezcan en cada etapa de su desarrollo, pero ese es otro debate).

 

Los significados y valoraciones antedichas tienen que ver con el rol de la información en la vida de las personas. Antes (si se me permite especular en aras de la discusión) los medios noticiosos constituían una ventana al mundo desde la cuál cada uno calculaba el impacto del mundo en su vida. Ahora en la época de las redes sociales, los medios de comunicación son un espacio desde el que cada quién intenta juega a tener un impacto en el mundo. Y este mismo fenómeno quizá esté detrás del crowdsourcing: en general la gente comparte sus experiencias en las redes motivada por sentirse “la persona correcta, en el lugar y momentos correctos”, más que por su capacidad para calcular el impacto social de la información que captura y comparte.

La crisis se debe a las ganas de los 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol.

 

Debatir el origen de la crisis en este caso, conduce a los verdaderos motivos por los que debe superarse. Que la valoración de los contenidos noticiosos cambie porque están peor o mejor contados es una cosa muy distinta a que lo haga porque a cada ciudadano no le importa lo que pase en el mundo si él no tuvo que ver con el suceso. La transmisión por radio de la muerte de Jorge Eliecer Gaitán con seguridad no fue ejemplo de estética narrativa, pero desencadenó el Bogotazo porque cada personas sabía que el suceso impactaría profundamente sus condiciones. Hoy ni las animaciones más entretenidas sobre el conflicto en Siria ni los relatos más desgarradores sobre la desnutrición en La Guajira movilizan a los habitantes del centro. Es el orden social lo que está en riesgo y el uso y valoración de los medios son solo un reflejo de ello.

Las narrativas en el periodismo deben reforzarse no por el periodismo en sí mismo ni por su rol en el equilibrio de poderes. Deben reforzarse por su papel como generador de medios culturales de expresión y construcción de significados sociales. para explicar esto, Cito a Joan Didion en su ensayo “The White Book”:

“We tell ourselves stories in order to live…We interpret what we see, select the most workable of the multiple choices. We live entirely by the imposition of a narrative line upon disparate images, by the “ideas” with which we have learned to freeze the shifting phantasmagoria which is our actual experience”

Las narrativas no son solo un tema de agrado con el cuál poner los ojos de los lectores en temas importantes (que nos está mal pero no es suficiente). Son la manera de darle orden al caos, de crear significados conjuntos, y aportar a la que los individuos obren en conjunto.

Y aunque decir por qué sea lo obvio, voy a decirlo simplemente porque nadie lo dice nunca: cuando nos comportamos como sociedad, hacemos más y mejores cosas en menos tiempo; vivimos mejor. Cuando no, cuando cada uno obra por sí y para sí, vivimos “a las patadas”.

Y en ese sentido, editar no es una cuestión estética sino una cuestión vital.

Técnicas para emocionar con la verdad.

A mayor variedad de herramientas para contar historias periodísticas, mayor peligro de perder el foco de la historia. Da la misma manera la vinculación de nuevas técnicas y formatos a la disciplina constituye el riesgo de alterar la verdad en nombre de la forma. De ahí el llamado de Novak y Rosentiel a no subordinar jamás la precisión y la veracidad a la técnica por atractiva que esta sea, y de ahí que pueda decirse que las técnicas narrativas (y su proliferación) facilitadas por un contexto digital, sean armas de doble filo.

Pero quizá no sean solo la verdad y el foco de las historias lo que esté en juego antedicha variedad de herramientas y formatos. Quizá también lo esté la capacidad del periodista para generar en su público algo distinto a la sensación de estar informado: Si bien la verdad puede tener un impacto por sí sola, el recurso con que se entregue puede modular dicho impacto. Un ejemplo fresco (para el curso) es el uso del comic para dar a conocer hechos que en formatos fotográficos o de video serían extremadamente crudos (Caso 4Ríos). En el sentido opuesto la parodia periodística (así llamada a falta de un mejor nombre para el género) permite ridiculizar en extremo las intervenciones del candidato republicano Donald Trump (Caso “Last Week” de John Oliver), aún cuando muchas sean contradictorias e inverosímiles bajo cualquier formato.

Quizá tenga algún sentido entonces preguntarse por el tipo de beneficio que cada herramienta y cada formato ofrece en sí mismo, para determinar su idoneidad en función del tipo de historia que se quiera contar, o el tipo de información que se busque transmitir. Las técnicas de visualización por ejemplo ofrecen como beneficio la comprensión de grandes volúmenes de información, y si están planteadas de manera que inviten al “lector” a interactuar, ofrecen como beneficio el involucramiento y la apropiación de información.

 

Herramientas de usos más prácticos como los Drones, no son solo un punto de vista o una toma novedosa (en tanto que son recientes) sino que ofrecen tomas que abarcan mayor cantidad de espacio. En ese orden podemos hablar de la comprensión de magnitudes o escalas como beneficios, y por esto se explica lo útiles que resultan al cubrir desastres naturales.

Y así, podríamos seguir conjeturando acerca de la idoneidad de herramientas digitales (e porqué no, incluir las análogas) en función del contenido; hablar de recursos de audio como los podcasts y su poder para estimular la imaginación, lo cuál los hace perfectos para contar historias difíciles de creer , mencionar la inmediatez como evidente beneficio de los formatos cortos (tweeter),  y su idoneidad para el periodismo de opinión al condensar un punto de vista en 140 caracteres.

podríamos quedarnos conjeturando, pero el objetivo de esta entrada no es generar un listado de formatos y beneficios, sino dejar abierta la inquietud a la utilidad de hacerlo.

Juan Tamayo.

 

 

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Fuentes:

  • Bill Kovach y Tom Rosenstiel. The elements of Journalism. [Revisión a la tercera edición, 2014, Republicado en Nieman Reports].